Óleo y técnica mixta sobre tabla
120x100 cmEste cuadro nace de la belleza de los recuerdos que dejan huella. Sobre una atmósfera de grises, represento el rostro de una joven que nos mira de frente, con una pequeña lágrima que contiene todo el peso de lo vivido.
El único rastro de color aparece en una pincelada naranja sobre su párpado y en sus labios, simbolizando ese destello de calidez que siempre acompaña a la añoranza. Con esta obra, quiero capturar cómo un sentimiento triste puede albergar también algo de luz, transformando la melancolía en un momento de calma y belleza suspendida.
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