Óleo y técnica mixta sobre tabla
60 x 60 cm
Este cuadro nace de la belleza silenciosa y enigmática de la cultura japonesa. Represento el rostro de una geisha de tez blanca, pura y serena, cuyo cabello negro intenso comienza a desdibujarse para fundirse con un fondo de tonos azules y verdes.
A través de la técnica de fusión, busco que su figura se mezcle orgánicamente con la abstracción del fondo, creando la sensación de que su propio peinado se transforma en una gran flor en plena eclosión. Es un homenaje a la elegancia contenida y a ese momento en que la persona y la naturaleza que la envuelve se convierten en una sola expresión de arte."
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