Óleo y técnica mixta sobre tabla
90 x 60 cm
Este cuadro surge de la idea de que todos nacemos con un potencial infinito. Represento a una niña vestida de blanco —símbolo de luz y nuevos comienzos— sosteniendo la Tierra con delicadeza, recordándonos que el futuro está en sus manos.
Rodeada por la inmensidad del cosmos y los planetas, la imagen habla de las metas sin límites y de las posibilidades de una vida que apenas comienza. Es un homenaje a esa etapa donde no existen las barreras, donde cada sueño es alcanzable y el universo entero es el escenario para sus metas. Una invitación a proteger esa inocencia que tiene el poder de transformar el mundo.
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