Óleo y técnica mixta sobre tabla
85 x 75 cm
Este cuadro nace de la fascinación por los rostros que cuentan historias sin hablar. Represento a un viejo pescador cuya barba blanca se funde con un mar embravecido.
Sus arrugas y su mirada azul son el reflejo de una vida entera frente al salitre y el viento.
Con esta obra, he querido desdibujar la frontera entre el hombre y el medio en el que vive: él ya no solo pesca en el mar, sino que forma parte de su espuma y de su fuerza. Es un homenaje a la experiencia, a la paciencia y a esa conexión eterna de los hombres con el mar.
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